Que no le digan…
El secuestro de El Ché y Fidel
Por Mario A. Medina
Hizo ya un año que las estatuas
de El Ché Guevara y de Fidel Castro, fueron “removidas” de su ubicación en la
Plaza San Carlos en colonia Tabacalera por órdenes de la alcaldesa de
Cuauhtémoc, Alessandra Rojo de la Vega. Argumentó su “retiro”, por “no
representar los valores de libertad, democracia y respeto a los derechos
humanos”.
Las figuras, obra del escultor
Óscar Ponzanelli, recuerdan
“el histórico encuentro entre
ambos líderes en México en 1955”. Fueron sentadas en el
jardín en diciembre de 2017.
En un comunicado y video
difundido en redes, en su momento, Rojo de la Vega explicó que su decisión
estaba fundaba por motivos legales: “Falta de aval legal: no contaban con la
cédula del Comité de Monumentos y Obras Artísticas en Espacios Públicos
(COMAEP); ausencia de documentación oficial: no existía respaldo en los
archivos de la alcaldía; resguardo informal: las piezas estaban bajo custodia
irregular por parte de un trabajador sin base legal”.
El retiro, según
el Comité de Monumentos y Obras Artísticas en Espacios Públicos de la
Ciudad de México (COMAEP), fue sin su autorización, y debió provocar una
investigación formal por parte de la Contraloría General del Gobierno de
la Ciudad de México.
En septiembre pasado, el Comité
solicitó a la Contraloría General se investigara el retiro “irregular” del
conjunto escultórico, el cual, según el COMAEP, “se colocó en
cumplimiento estricto de la normatividad vigente desde 2017”.
Según un trabajo periodístico de
Infobae, destacaba que la Secretaría de Planeación, Ordenamiento
Territorial y Coordinación Metropolitana (MetrópolisCDMX), reiteraba
que “toda instalación, reubicación o retiro de monumentos en espacios
públicos debe apegarse estrictamente a la normatividad vigente y contar con la
autorización expresa del COMAEP”.
A decir de la dependencia, “el
retiro de la obra escultórica se llevó a cabo sin la autorización
del COMAEP”, “en contravención de lo dispuesto en el Acuerdo publicado en
la Gaceta Oficial de la Ciudad de México el 14 de marzo de 2013, que
establece que este comité es la única instancia facultada para decidir sobre la
permanencia, reubicación o retiro de monumentos en espacios públicos”.
Sin embargo, la Alcaldía
contraargumentó y en un comunicado oficial, dijo que removieron la escultura
porque la Dirección General de Cultura y Educación (DGCE) determinó
que la escultura fue colocada “sin contar con la autorización correspondiente
por parte del Comité de Monumentos y Obras Artísticas en Espacios Públicos de
la Ciudad de México”, esto, “tras una revisión administrativa”.
El retiro de los bronces generó
molestia de diferentes grupos sociales particularmente de izquierda en la
ciudad de México, quienes argumentaron que El Ché y Fidel “son símbolos
de la lucha antiimperialista, la autodeterminación de los pueblos y la
resistencia contra el capitalismo” y que, “más allá de la simpatía o antipatía
por estos personajes, su presencia en el espacio público forma parte de la
historia política y social de México y Latinoamérica”.
El “retiro” de la obra de
Ponzanelli es claro que va más allá de lo “legal” o “ilegal”; si se tenían el
permiso o no de colocar la “banca” en la Plaza San Carlos. La decisión de Rojo
de la Vega tiene que ver con su posición política, y para justificarse llegó a
difundir en redes sociales un video donde aseguró que “muchas veces” los
vecinos le solicitaron quitar las esculturas.
“Nos pidieron muchas veces
recuperar las banquetas del Jardín Tabacalera. Nos decían: ‘quiero volver a
caminar libremente por la banqueta, descansar, disfrutar del parque’”. Una
“argumentación” tan falsa como endeble. Nunca mostró cartas, ni dejó ver videos
de los supuestos inconformes.
Un año después Alessandra Rojo de
la Vega ha propuesto a la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Clara
Brugada, “realizar un intercambio de las esculturas de Fidel Castro y Ernesto
"Che" Guevara por recursos destinados a obras y servicios públicos”. Si
decía que la razón legal le asistía, entonces ¿qué pasó con sus argumentos “legales”
que, según ella, la llevaron a tomar tal decisión?
A cambio de los bronces del El
Ché y Fidel, la alcaldesa pide rescate, recursos económicos, según ella, para obras
y servicios públicos, es decir, para rehabilitar calles, cubrir baches,
fortalecer el sistema de drenaje y la adquisición de nuevos camiones
recolectores de basura. Cabe recordar que al menos el presupuesto participativo
2026 de la alcaldía para estas obras asciende a poco más de 178 millones de
pesos, un rubro en el que Rojo de la Vega está muy mal calificada. En
contraste, la obra artística se hizo a instancias de Ricardo Monreal cuando fue
alcalde de Cuauhtémoc, y se afirma que se pagó 600 mil pesos al escultor.
Una cosa es cierta, si el
“retiro”, como ella le llama, de las estatuas de Ernesto, El Ché, Guevara y de
Fidel Castro se hizo conforme a la ley, entonces ¿por qué le propuso una
“negociación”, “cambalache” o “trueque” a la jefa de gobierno? Su propuesta no fue
para hacerse de más presupuesto en favor de los vecinos de la Cuauhtémoc. De la
Vega pretendió extorsionar, chantajear a Brugada. Por el contrario, es
violatoria de la ley.
Como explicó la jefa de gobierno,
el artículo 20 de la Ley de Alcaldías, en su fracción XVIII señala: “una de las
finalidades de las demarcaciones es garantizar el acceso de la población a los
espacios públicos y a la infraestructura social, deportiva, recreativa y
cultural dentro de su territorio, los cuales no podrán enajenarse ni
concesionarse de forma alguna”. Lo que ella pidió a cambio de los bronces fue
dinero.
En fin, Alessandra Rojo de la
Vega se ha mostrado como una demagoga, ignorante, de impericia política y como
una vulgar secuestradora de estatuas, de una obra artística que es patrimonio
de la ciudad de México.
Que no le cuenten…
¿Ah, que don Ciro! Los
contrastes.
En aquel julio de 2025, Ciro
Gómez Leyva aplaudió la decisión de Rojo de la Vega de retirar las estatuas
de Fidel Castro y Ernesto El Ché Guevara. Fue un acto un acto
“valiente” y “estratégico”. “Alessandra parece saber lo que está haciendo”,
escribió el columnista de Excélsior. Lleva tres semanas reclamando al gobierno
federal el por qué no levanta la estatua de Felipe Calderón que está tirada, por
la caída de un árbol, en el Complejo Cultural “Los Pinos”. Se enoja, y dice:
“¡ahora sí, se montaron en su macho!, como si fuera de ellos. Como si no fuera
patrimonio público que tienen que resguardar”.
Y qué, ¿las estatuas de El Ché y
Fidel, no es patrimonio de la Ciudad de México? ¿Alessandra puede hacer lo que
ella quiera con los bronces, embodegarlos, pedir rescate, sin importar la ley
don Ciro?
Un amigo me dijo: “lo que no
entiende Ciro es que hasta la estatua de Felipe tiene derecho a echarse sus
bacardis”.
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