Que no le digan…
La grave crisis de credibilidad de los medios
Por Mario A. Medina
La “entrevista” falsa, tramposa,
misógina, golpeadora, hecha a un Carlos Monsiváis que no era Carlos Monsiváis, publicada
en el portal digital del diario El Universal, ha mostrado la grave crisis de
credibilidad que tienen en general los medios comunicación en nuestro país.
Dicha “entrevista”, no sólo exhibió
a El Universal, también a un sin número de medios de comunicación escritos,
electrónicos y publicaciones en redes sociales, igual a periodistas
“prestigiados”. Vino a demostrar que tiene sustento la desconfianza de la
sociedad hacía decenas y decenas de publicaciones en el país, hacia un
periodismo falto de ética y profesionalismo, un periodismo mentiroso.
Los medios no se cansan de
presumir que ejercen “un periodismo independiente, sin sesgos ideológicos o
políticos”. Mentira. Ofrecen disculpas en un texto donde en cada línea que
redactan, la avalancha de falsedades se les viene encima. “Nuestro único
compromiso es con nuestros lectores, con el periodismo y la libertad de
expresión”. Su compromiso siempre ha sido con el poder, con los poderosos. Sus
páginas hoy digitales y las que viven en las hemerotecas, dan cuenta de que
vuelven a mentir.
Cuando dicen que se han conducido
con “estándares éticos”, y que por “convicción” reconocen errores en que
incurrieron, vuelven a falsear. Cuando hablan de que la “responsabilidad, la
imparcialidad y la transparencia, son los (sus) mayores valores éticos”,
expresan clichés, frases hechas que no corresponden con la realidad. Otra
invención más.
En cualquier medio de
comunicación escrito, electrónico y ahora en los medios digitales existe y
siempre habrá una tendencia a favorecer intereses políticos, financieros con
quien se identifican, con quienes los patrocinan. Es normal. Por eso no es
válido presumir independencia editorial o que hacen periodismo “sin sesgos
ideológicos o políticos”. Detrás de cada medio por muy pequeño que sea,
siempre, siempre habrá un sesgo, una tendencia ideológica o política.
Lo más honesto que pueden hacer
es definirse, dar la cara: “somos de derecha”, “somos de izquierda”, “Nos
financian” tales o cuales, deberían abrirse; sería mejor. Derecha Diario es un
buen ejemplo de un medio que se define.
En los últimos años la derecha
política y mediática ha acudido al expediente de la mentira, de la calumnia, de
la difamación para ganar terreno, para hacerse de simpatizantes. A través de la
guerra mediática, como ha estado sucediendo en México, se acude a la invención
en busca de tocar fibras que activen los miedos, los prejuicios y hasta las
emociones.
Sin embargo, han fracasado. Tanto
los políticos como los intelectuales orgánicos, articulistas y columnistas, han
partido de análisis cargados de falsedades, equivocando la estrategia para
arrebatarle al gobierno un público, una población que hoy, a diferencia de diez
o doce años atrás, está más informada, más politizada.
Una cosa es clara, la mayoría de
los medios de comunicación corporativos en México y en el mundo, no tienen como
principal objetivo informar, “son instrumentos de poder político, económico y
cultural”, además construir entre sus lectores y sus audiencias, según sea el
caso, una fidelidad ideológica.
Una cosa también es cierta, del
otro lado, hay un número importante de medios, principalmente digitales que se
venden por igual como “libres e imparciales”, pero en realidad son afines al
gobierno en turno y no se atreven a criticarlo cuando hay elementos claros para
hacerlo. Criticar al gobierno morenista suponen que es como traicionar a la
patria. Repiten el mismo patrón que tanto critican y reprueban.
La entrevista falsa a un Carlos
Monsiváis que no era Carlos Mosiváis ha hecho más visible la grave crisis de
credibilidad de los medios de comunicación en México; ha mostrado que de lo se
les acusa, como he señalado en párrafos anteriores, de su alianza con la
derecha política y económica para volver a los tiempos de bonanza que el PRI y
el PAN les garantizaban. Extrañan los “apapachos” como los añora el periodista
y escritor Héctor Aguilar Camín.
Aparejado con el desprestigio de
los medios, igual muchos periodistas sufren del mismo descrédito, estigma del
que culpan al expresidente Andrés Manuel López Obrador. No, él solo los
exhibió. Mostró en las mañaneras del pie del cojeaban.
En octubre de 2025, Mariano Casas
escribió en La Jornada Zacatecas que narrativas como “un peligro para México”,
la manipularon encuestas y silencios que no pudieron hacer perder al candidato
López Obrador en 2018, de igual forma, “hoy esa estrategia ha mutado en una
maquinaria que busca deslegitimar, desinformar y desgastar cada paso de la
Cuarta Transformación. No se trata de una oposición ideológica con argumentos,
sino de una coalición de intereses que han hecho de la manipulación mediática
su único proyecto político”.
Por eso, resulta interesante el
análisis de Gerardo Albarrán en el número 318 de este mes en la revista Zócalo:
“Los Medios pagan con desconfianza su activismo político” en el que cita
preguntas del Digital News Report 2026, un informe del Reuters Institute de la
Universidad de Oxford sobre el consumo de noticias en el mundo, que ha
registrado el nivel más bajo de confianza en las noticias desde 2017. “¿Qué es
más devastador para un medio que la sociedad no confíe en él? ¿Qué puede ser
peor para un periodista que no le crean?”
Al citar a la agencia informativa
inglesa, Albarrán destaca que “tras varios años de estabilidad”, la confianza
en las noticias en México cayó cinco puntos porcentuales en el último año, al
pasar de 36% en 2025 a solamente 31% en este 2026”, y más aún, apunta: “los creadores
de contenido y los influencers de noticias desempeñan un rol importante en este
contexto de erosión de la confianza en las instituciones: para algunos
usuarios, son fuentes más auténticas y cercanas que los medios”. Una realidad
que los debe cimbrar.
Hace notar “el descenso de
consumo de noticias a través de la televisión privada, que ha disminuido un
impresionante 34%, es decir, con una audiencia de casi la mitad de lo que había
en 2017”.
Efectivamente la grave crisis que
viven los medios en el país, la desconfianza en Televisa, TV Azteca, en los
noticieros radiofónicos, en los “grandes” diarios, en los “prestigiados”
articulistas, columnistas, tiene que ver con “lo que hacen los propios medios”
y no por quien sólo los puso detrás de la vitrina.
Que no le cuenten…
Su máximo apotegma para muchos de
ellos y ellas: “La verdad es irrelevante”.
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