Intervención gringa viola la soberanía nacional
DE NORTE A SUR
ABIGAIL A. CORREA CISNEROS
Debe existir colaboración internacional que se sustente en el respeto recíproco
México ha dado resultados en el combate al crimen organizado, pero el tema hoy es la injerencia estadunidense que viola normas internacionales. La detención del Mayo Zambada en 2024 tuvo irregularidades que deben aclararse por una posible violación a la soberanía mexicana. Si bien es cierto que el arresto de uno de los principales capos de los últimos tiempos es importante y un gran golpe al crimen organizado, se deben respetar los protocolos internacionales y el territorio ajeno.
Lo ideal sería trabajar en conjunto; sin embargo, pese a las exigencias del gobierno de Donald Trump a México en el combate a lo que considera terrorismo, no hay cooperación alguna de su parte, todo lo contrario, y se demuestra con la liberación del expresidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, condenado por narcotráfico en Estados Unidos, y sumándolo a la nómina para intervenir en la política de países latinoamericanos en momentos electorales, hecho que revelan unos audios publicados en meses pasados.
Entonces, si hay cooperación con el crimen organizado no es por parte del gobierno mexicano, lo que se dijo durante meses, que Guzmán López habría engañado a Zambada para llevarlo a territorio estadounidense, donde ambos fueron detenidos por autoridades federales se viene abajo con información reciente sobre la participación del FBI en la operación. La presidenta Claudia Sheinbaum responde contundente con la exigencia de una explicación al gobierno de Trump, porque
ningún Estado democrático puede aceptar que agentes extranjeros operen en su territorio sin transparencia, coordinación institucional o fundamento jurídico.
La inocencia de “El Mayo” no está a discusión, está documentada su trayectoria criminal, lo importante acá es determinar si, en nombre de la eficacia, se vulneraron principios que sostienen la relación entre dos naciones soberanas.
La historia latinoamericana obliga a mirar este episodio con cautela. Cada vez que Washington ha justificado una intervención alegando razones de seguridad, estabilidad o protección de sus intereses nacionales, las consecuencias han dejado profundas cicatrices en la región.
Recordemos el caso de Guatemala en 1954, el derrocamiento del presidente Jacobo Árbenz, impulsado por la CIA, inauguró décadas de inestabilidad política y violencia. En Chile, el respaldo estadounidense al golpe de Estado de 1973 contra Salvador Allende continúa siendo uno de los episodios más controvertidos de la Guerra Fría. Panamá vivió una invasión militar en 1989 bajo el argumento de capturar a Manuel Noriega, mientras que Centroamérica experimentó durante años la influencia directa de Washington en conflictos internos que marcaron generaciones enteras.
Sería irresponsable sostener que la intervención estadunidense lleve a México a los problemas que en el siglo pasado vivieron los países de la región. Pero es claro que el gobierno de Donald Trump pretende desestabilizar al país de varias formas, no solamente en seguridad sino también en los acuerdos comerciales, que no sólo competen a nuestro país porque otros también han sido afectados por ese gobierno. Hay una tensión permanente entre la seguridad nacional estadounidense y la soberanía de los países latinoamericanos.
Entre México y Estados Unidos ha habido una amplia colaboración, con el FBI, la DEA, el Departamento de Seguridad Nacional y otras instituciones estadounidenses, con lo que se han logrado capturas relevantes e intercambio de inteligencia. Pero toda cooperación internacional requiere reglas claras. Cuando esas reglas parecen diluirse, inevitablemente surge la desconfianza y debilita los principios jurídicos que distinguen a los Estados de las propias organizaciones delictivas.
Por ello, el cuestionamiento de la presidenta es muy relevante, ¿existió coordinación formal con las autoridades nacionales? ¿Qué papel desempeñó realmente el FBI? ¿Hubo conocimiento previo por parte del Estado mexicano? ¿Se respetaron los mecanismos de cooperación bilateral establecidos entre ambos países?
Responderlas con transparencia fortalecería la confianza mutua. Evadirlas sólo alimentaría las sospechas y reforzaría una narrativa que América Latina conoce demasiado bien: la de las intervenciones justificadas por un bien superior.
El combate al narcotráfico exige colaboración internacional que debe sustentarse en el respeto recíproco.
DESDE EL CENTRO
No hay paz en Irán, el ejército estadunidense mantiene los ataques, según confirmó el Comando Central de Estados Unidos (Centcom), horas después de que el presidente, Donald Trump, declarara que un acuerdo provisional para poner fin a la guerra con Irán había "terminado".
FOTO: LUIS CHAPARRO
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