Que no le digan…
La amenaza del halcón
Por Mario A. Medina
¿Qué tan preocupantes pueden ser
las declaraciones del embajador de EU en México, Ronald Johnson? Muy
preocupantes. Llamarlo a que sean
“respetuosas”, es una forma diplomática de decirle “metiche”, pedirle respete
los asuntos internos del país.
Sin embargo, es más que alarmante
la acción intervencionista del señor Johnson, que actúa como operador del
Departamento de Justica y del Departamento de Estado con una clara estrategia,
la de construir con la derecha mexicana la narrativa del “caos”; de un gobierno
y de un partido “narco”. El término lo pretenden imponer en la cabeza de las y
los mexicanos.
Desde que el presidente de EU
Donald Trump anunció que lo enviaría como el representante de su país en el
nuestro, los focos rojos debieron prenderse.
Sabíamos de su trayectoria y
antecedentes. Boina Verde del ejército estadunidense, formó parte de “un grupo
de élite” capacitado para llevar a cabo “operaciones de intervención,
asesinatos selectivos, contrainsurgencia y otras acciones criminales”, y por
esto mismo, pasó a formar parte de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) con
todo lo que ello significa.
Su currículum habla de que ha
participado en misiones encubiertas, de “contraterrorismo”; operaciones
especiales en Afganistán, Irak, los Balcanes y vaya usted a saber en qué otras
acciones de desestabilización ha operado para cambiar modelos de gobierno e imponer
autoridades que sean acordes a los intereses estadunidenses.
Desde hace un año que llegó a
México, se ha visto la “mano” del representante del gobierno de los EU. Su
perfil no habla de que su prioridad principal aquí sea, por ejemplo, la
renovación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el
respeto a los migrantes o el fortalecimiento de las relaciones de amistad.
No.
Su presencia tiene que ver con su
historial, el de un “diplomático” que espía, copta, desestabiliza. Se recuerda
“su participación en asesoramientos a gobiernos genocidas en El Salvador en la
década de 1980”. En este primer año de su estancia en México, Ronald Johnson no
ha descansado.
Apenas con dos meses de haber
llegado a la embajada, convocados por Larry Rubin, presidente de la American
Society of Mexico, Johnson se encontró con empresarios y miembros de la Cámara
Americana. Algunas crónicas periodísticas daban cuenta que “todos acudieron
presurosos” y que “nadie faltó”.
Pero no sólo los empresarios se
pudieron a sus órdenes, “también políticos de diferentes partidos, miembros de
la sociedad civil y profesionistas de todo signo”. “La derecha en pleno”
aplaudieron a su amigo, entre otros, Jorge Romero, presidente nacional del PAN,
su antecesor, Marco, el gris, Cortés y el Senador Ricardo Anaya.
Quien antes se puso a las órdenes
de Johnson, en una tertulia privada, fue el dirigente nacional del PRI,
Alejandro Moreno. A través de sus redes sociales, “Alito” calificó la reunión
como “cordial” y “reafirmó el valor de la cooperación”.
Aquellos encuentros con
empresarios, políticos, periodistas, académicos, desde luego no sólo fue para
compartir el pan, el vino y excelentes viandas; el propósito principal es el
imponer los intereses estadunidenses que satisfacen a la derecha nativa, y como
nos recuerda la historia, la derecha siempre ha estado dispuesta a colaborar
con el imperio.
Desde que llegó el embajador de
Trump, por lo que se puede evidenciar, éste ha delineado una estrategia que a
los EU le ha funcionado en varias partes del mundo y, en los últimos años, en
Latinoamérica para sacar del poder a gobiernos de izquierda.
Hay que reconocer que algunos de
estos gobiernos han cometido errores, particularmente de corrupción, que han
provocado, incluso, que sus simpatizantes no vuelvan a votar por sus proyectos,
por eso, como señala el historiador Lorenzo Meyer, se debe “tener la casa
ordenada para no dar pretextos”.
Desde la presencia aquí del
Johnson aumentó la construcción de una ofensiva mediática a partir de campañas
millonarias en redes sociales que como considera la presidentA Claudia
Sheinbaum, “no es una casualidad”, tienen un objetivo: llevar a cabo
“operaciones de desinformación”, que se alcanza a ver con claridad, buscan
erosionar a su gobierno.
Pero el propósito del Boina Verde
está más allá de generar una estrategia mediática a partir de feke news, de
posesionar fraseos como “narco-gobierno”, “narco-presidenta”, “narco-gobernador”,
de querer “cambiar la percepción misma de la realidad”, como dijo
Sheinbaum, pero su objetivo principal está en la construcción de “condiciones”
para “justificar una intervención”.
Tan sólo hay que recordar que
cuando en su “audiencia de confirmación” como embajador en México, en marzo de
2025, frente al Senado estadunidense, Ronald Johnson se negó a descartar que pudiera
promover acciones militares en territorio mexicano contra los cárteles de la
droga sin notificar a las autoridades mexicanas. Con ello, mandaba un mensaje,
que no le importaba violar las leyes de aquí y llevar a cabo acciones
intervencionistas.
Como
señalé en la entrega pasada hay un claro propósito de la alianza Johnson-
derecha, “calentar la calle” en el país y generar descontentos contra el
gobierno de la 4T, como lo han hecho ya en varios países del subcontinente,
inclusive llamando a votar por partidos y candidatos simpatizantes del
trumpismo.
Johnson
“teje”, “teje” y “teje” con empresarios, políticos, periodistas,
académicos; tal vez, con militares para crear culpables que puedan no sólo
cimbrar, sino tratar de tirar el proyecto de la 4T.
Se dice que el “halcón americano”
es un “depredador amenazante”, de aguda vista para detectar desde lejos a sus
víctimas, lo que le permite ser un cazador preciso, letal.
Que no le cuenten…
En 1986, fue la “mano de Dios”
que permitió a Argentina ganar el mundial de 1986; la “mano del Tío Sam”, a
Javier Milei llegar la Casa Rosada, además de las legislativas. Trum intimidó a
los hondureños que, si no votaban por Nasry Asfura, les quitaría el apoyo de EU. Ronald Johnson organizó apoyos de figuras republicanas
prominentes para que ganara Nayib Bukele en El Salvador, convirtiéndolo en su
“titiritillo”.
En Ecuador, después de reelegirse,
Daniel Noboa y aún antes, le llamaban: “la "Manzana de la Injerencia"
gringa. Con cinismo injerencista, el “pelos naranja” ha ofrecido su respaldo
"total y completo" al candidato de la derecha colombiana, Abelardo de
la Espriella. Marco Rubio, el secretario de Estado, dispara a muerte a la “cuba
comunista” y preparan la estrategia para regresar a los “marielitos” cubanos de
Miami y volver a hacer de la isla el “putero” que fue antes de la Revolución.
Sí, “la historia política de
América Latina ha estado marcada por la constante intervención de Estados
Unidos”. La soberanía entendida como el derecho de los Yankees a
decidir sobre nuestros asuntos internos: La Doctrina Monroe.
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