Las pasiones de Miles Davis…

Por Glen Rodrigo Magaña / HOMO ESPACIOS

La genialidad que revolucionó el sonido del siglo XX exigía otras válvulas de escape cuando la trompeta no era suficiente: los trazos afro sobre un lienzo, la disciplina del cuadrilátero y la sazón de la cocina umami, formaron parte de las aficiones del célebre Miles Davis. Detestaba la palabra "jazz", repudiándola como una etiqueta racista de la industria discográfica para exigir, en su lugar, lo que él denominaba "Música Social". Las obsesiones privadas de Miles revelan la anatomía de un mito que esculpió su vanguardia entre ganchos, pinceladas y platillos de la “soul food” afroamericana.

Dentro del Gleason's Gym de Nueva York, el legendario trompetista encontró la métrica perfecta para su improvisación rítmica, entrenando religiosamente y absorbiendo la brutal elegancia del combate cuerpo a cuerpo. El boxeo dejó de ser un simple fanatismo para transformarse en una extensión anatómica de su arte, entre la resistencia pulmonar y el juego de piernas en el ring se traducían directamente en la fuerza de sus frases instrumentales. Esta entrega absoluta quedó inmortalizada en las arrolladoras sesiones de A Tribute to Jack Johnson (1971), una obra maestra concebida para el documental de Bill Cayton sobre este boxeador estadounidense apodado “El Gigante de Galveston”, así como en composiciones crudas dedicadas a sus ídolos como Ali y Duran, donde su banda imitaba el arrojo percusivo de las combinaciones de golpes. 


Colores incandescentes, líneas erráticas y figuras geométricas comenzaron a habitar sus lienzos durante la década de los ochenta, canalizando su creatividad hacia las artes plásticas. Bajo la colaboración de su pareja, la artista Jo Gelbard, desarrolló un estilo visual influenciado por el movimiento Memphis de Milán, el arte tribal africano y la crudeza callejera de Jean-Michel Basquiat, utilizando la pintura primero como terapia y rápidamente como obsesión. Esta exploración estética terminó convirtiéndose en el rostro mismo de su música, coronando el brillante diseño de la portada del disco Amandla (1989), creada por el propio Miles en colaboración con Gelbard, quién también fue su maestra de pintura. El arte de este álbum muestra un autorretrato donde proyectó esa visión afro, que ya no cabía únicamente en las partituras.


Sabores densos y una paciencia de relojero definían su faceta doméstica más reservada: la de un cocinero obsesivo que encontraba en los fogones un refugio. Algunos de sus principales platillos eran su legendario "South Side Chicago Chili Mack", una receta umami que integraba ingredientes como sebo de res, una mezcla exacta de carne molida de ternera, cerdo y res, coronada con una métrica precisa de especias y una sola gota de vinagre de vino tinto para sellar el sabor. Preparar alimentos funcionaba como una composición a fuego lento, una búsqueda por el equilibrio perfecto con la misma intolerancia al error que aplicaba al dirigir a artistas de la talla de Herbie Hancock o John Coltrane en el estudio de grabación.

Aquella autoexigencia alimentaba sus declaraciones más combativas contra una industria blanca que intentaba mercantilizar su legado bajo etiquetas. Davis repudiaba la palabra "jazz", considerándola una invención de plantación diseñada para minimizar la profunda complejidad armónica y emocional de sus raíces frente al establishment musical blanco. Frente a los medios y críticos, defendía con una frialdad cortante que su propuesta sonora debía ser presupuesta como "Música Social", una postura política que lo llevó a darle la espalda a las audiencias que buscaban entretenimiento de cabaret, en lugar del rito trascendental que él ofrecía.



Documentales como
Miles Davis: Birth of the Cool (2019) del director Stanley Nelson, capturan con precisión estas dimensiones multidisciplinarias, revelando metraje íntimo de sus sesiones frente al caballete, sus rutinas de sombra en el gimnasio y su temperamento volcánico. A través de este tipo de piezas audiovisuales, sumadas a biopics como Miles Ahead
(2015) de Don Cheadle, se muestra la psique de un creador que jamás separó la vida de la obra. En retrospectiva, analizar sus pasiones ofrece la llave maestra para entender su legado: cada pincelada, gancho al hígado y plato servido eran

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