Que no le digan…
“No le tengo miedo”
Por Mario A. Medina
Fue como un misil que cimbró a Donad
Trump, a los Estados Unidos y al mundo. Fue una sacudida que nadie de los
aliados del presidente gringo se había atrevido. León XIV, sí lo hizo.
El fraseo llamó la atención en
las redacciones de todos los diarios y noticieros. Por eso las “cabezas” de sus
notas coincidieron. “´No le tengo miedo´; León XIV a Donald Trump”.
El “no le tengo miedo”, fue algo
así como cuando el más pequeño, el más débil se cansa y se decide a responderle
a Goliat, al grandote, al buleador; una especie de: “¡ya basta!”. “¡Chinguesu,
y en lo que tope!”
El Papa ha alzado la voz, fuerte,
fuertísimo, lo que los timoratos aliados de EU se negado a hacer, a pesar de
sus diferencias, de sus descontentos que tienen con el actuar de quien se
siente su Rey. No se han atrevido a responderle a sus barbaridades.
Bien ha dicho Alberto Barranco,
experto en temas religiosos: “León XIV les está diciendo a los lideres del
mundo: hay que responderle (a Trump), que no se debe ser timorato”. Sí, efectivamente,
nadie se ha atrevido contrariar a Trump, para no hacerlo enojar. Si acaso,
algunas insinuaciones, pero no directas, no confrontativas para evitar los
aranceles.
Las diferencias son producto de
las amenazas en el marco de la guerra en Medio Oriente, cuando el mandatario de
EU anunció que iba bombardear zonas civiles en Irán durante la Semana Santa,
cuando se atrevió a declarar que iba “erradicar a una civilización entera”. El
Papa las calificó de inaceptables y lo llamó a buscar la paz.
El “no le tengo miedo”, no es la
única frase de León XIV a Trump. Analistas que han seguido de cerca los
mensajes del Papa, han señalado que “los excesos verbales y la épica bélica de
tono religioso que llegaban de la Casa Blanca”, han tenido respuesta. “Sin
mencionar nunca a Trump, pero con dureza, la semana pasada, el Cardenal nacido
en EU habló de los “delirios de omnipotencia”, y lamentó las oraciones de quien
acusa: “vuestras manos están llenas de sangre”, en referencia clara al
presidente estadunidense, cuando las suyas están peor.
Las diferencias entre la Casa
Blanca y el Vaticano ya se venían dando, pero no fueron mediáticas. Había
trascendido que hubo una reunión entre nuncio apostólico de Roma en EU al que la
Casa Blanca llamó para expresarle el malestar de Trump por las críticas del
Papa.
Trump no sólo se cree el Rey de
este mundo terrenal. Imagina es el soberano en el religioso, y por eso le ha
reclamado al Papa Francis Prevost: “no quiero un Papa que critique al
presidente de Estados Unidos”.
Y sí, León le salió respondón.
Ruge y sabe rugir. Seguramente Trump supuso que por ser estadunidense el Papa
le debería guardar fidelidad y no ser el representante de Dios, la figura de
San Pedro, la roca sobre la cual se edifica la Iglesia Católica.
Analistas han señalado que León
XIV había decidido no ser antagonista de Trump, pero “cuando un gobierno
empieza a usar el nombre de Dios”, bombardea y mata a poblaciones, el Papa no
debe quedarse callado, debe de predicar en voz alta el Evangelio, la paz y la
reconciliación, y no le guerra, no la inmoral, ha señalado el Pontífice.
La agresión verbal de Trump al
Papa provocó un duro enojo, más allá de la feligresía católica que se convirtió
en un bumerang, y peor aun cuando en un “meme” se quiso comparar con Jesucristo
curando un enfermo. Luego lo retiró, “pero ya había escupido al cielo”.
Al menos, la primera ministra de
Italia, la conservadora Giorgia Meloni, condenó la blasfemia trumpeana y lo
mismo hizo el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez. El resto de los
mandatarios han evitado contrariarlo. Se han mostrado timoratos, acomplejados,
chiquitos. No se han atrevido a decirle en voz alta: ¡“ya basta!” El Papa, sí.
En Camerún, el jueves, León XIV,
volvió a lanzar varios misiles verbales, cuando criticó a los líderes que
gastan miles de millones en guerras y denunció que el mundo está "siendo
devastado por un puñado de tiranos", se refería a Trump y a Benjamín
Netanyahu. Los dos, asesinos.
La de Trump,
pudiera parecerse al cuento de Rudyard Kipling, escrito en 1888: “El Hombre Que
Quiso Ser Rey”. “Un sueño de grandeza se convierte rápidamente en una pesadilla
que desencadena una serie de eventos que los llevarán al borde de la locura y
la destrucción”.
“Una novela que
explora temas como la ambición desmedida, la corrupción del poder y las
consecuencias de la arrogancia y la codicia”.
El “no le tengo miedo” retumba aún
entre los pelos naranjas del “reycito”.
Que no le cuenten…
“Hágase de un VTP-EL”. No. No es un viejo “slogan” de una línea área. Es “Viva Todo Pagado en la Embajada de Londres”. Además, te adoptan y te apapachan como un hijo mientras estudias. No lo desaproveche.
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