ACTIVISMO PERFORMATIVO EN EL SUPER BOWL
DE NORTE A SUR
ABIGAIL A. CORREA CISNEROS
La presentación del artista Bad Bunny en el medio tiempo del Super Bowl,
evento de gran importancia en Estados Unidos, puso muy de malas al presidente
Donald Trump y a sus simpatizantes; pero no solamente tuvo ese efecto, también
hizo hablar a ciudadanos que se sienten ajenos a la política. Las redadas de la
agencia de migración estadounidense, (ICE, por sus siglas en inglés)
constantemente en los noticieros internacionales por las ejecuciones de
activistas y la persecución injustificada contra cualquiera, relucieron en este
evento que alcanza a 140 millones de personas. El grupo Green Day aprovechó su
presentación para criticar la política de Trump, especialmente a ICE. El
jugador de los Patriots, Mack Hollins llegó al estadio con grilletes, descalzo,
esposado y una máscara facial, recordando a los espectadores las injustas
detenciones del gobierno de Estados Unidos a los inmigrantes.
El del domingo no fue un espectáculo superficial; ante la mirada de algunos
sigue siendo un activismo performativo, sólo que en este caso se nota el
interés de estos famosos para llamar la atención sobre el fascismo que va
avanzando en América, independientemente del patrocinio de las marcas que
siguen ganando a expensas de la explotación de trabajadores en todo el mundo,
de cómo afectan con sus contaminantes y apoyan genocidios. Los espectáculos en
torno al Super Bowl destacaron a la comunidad americana de punta a
punta, porque América no es solamente Estados Unidos y este evento presentó, en
los escasos 12 minutos que duró, a los países que integran diversas culturas,
es una muestra del poder latino.
Aunque este tipo de activismo es efímero, sirve para despertar algunas
consciencias. El capitalismo ha propiciado que los individuos se desconecten
como sociedad. Bien dijo el presentador Ricky Gervais a quienes se cuelgan de
problemas sociales que dejaran de ser hipócritas pues seguían aceptando el
patrocinio de marcas que apoyan genocidios y explotación laboral, especialmente
las marcas de ropa. Pero ¿por qué se le tendría que negar a cualquiera emitir
su postura política? Lo hacen los fascistas que también conforman esta élite de
famosos, como el cantante Kid Rock, que trató de robar cámara al Super Bowl con
su presentación alterna, presumiendo que acaparó el interés del mundo, su
intento de boicot a Bad Bunny fue un fracaso y esto es un reflejo de que el
gobierno de Donald Trump es mal visto por muchos a nivel mundial, hoy se
refleja así en las redes sociales, que con todo y riesgo de ser manipuladas
mediante bots también son una plataforma de opiniones en la que muchos
ya pueden participar. Cualquiera tiene el derecho de expresar su postura y
también de hacer activismo. Es cierto que muchos artistas aprovechan estos
problemas como trampolín, para enriquecerse más; pero también hay otros que tienen
consciencia de los problemas de la sociedad. El que Trump respondiera desde Truth
social que el medio tiempo del Super Bowl fue “absolutamente
terrible” y su clásico ¡Hagamos a Estados Unidos grande nuevo!, demuestra que no
sólo le molesta el activismo performativo de un artista, se percata de que la
sociedad internacional percibe su gobierno como el peor de los últimos años.
DESDE EL CENTRO
Casi es un hecho la reforma constitucional que establece de forma gradual
la semana de 40 horas. Los senadores del PRI, PAN y MC, que se opusieron
durante la reunión de las comisiones de Puntos Constitucionales, Estudios
Legislativos y Trabajo y Previsión Social, aceptaron que la iniciativa
presidencial pasara en sus términos, excepto por una modificación en materia de
lenguaje incluyente, pero insistieron en que una vez promulgada esa reforma a
la Carta Magna, de inmediato se lleve a cabo los cambios necesarios a la Ley
Federal del Trabajo.
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